«¡Es la innovación, nena! ¡Y no puedes hacer nada al respecto!»
Por Letizia Giugliano
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Así podría parafrasearse la famosa frase de la película de 1952 «La última amenaza», de Richard Brooks, en la que un elegante Humphrey Bogart respondía a su interlocutor con el ruido de las rotativas a pleno rendimiento. En el sector del automóvil los cambios se han puesto en marcha, pero podrían tener implicaciones negativas para todo el sector, sobre todo en términos de empleo.
El giro hacia lo eléctrico costaría a un país como Alemania más de 110 mil puestos de trabajo a largo plazo. Los datos son el resultado de un estudio realizado por el Instituto de Investigación del Empleo y muestran una pérdida, solo en el sector de la producción, de más de 83 mil puestos de trabajo. Alemania es la locomotora del sector del automóvil, con más de 800 mil personas empleadas, y perdería así el diez por ciento de la plantilla de este sector.
Según el mismo estudio del Instituto de Investigación del Empleo, suponiendo una cuota de mercado de los coches eléctricos del 23 % en 2035, tras el considerable aumento de este nuevo tipo de movilidad se verían afectados sobre todo los trabajadores de alta cualificación, con consecuencias para el resto de la plantilla. Por otra parte, es fácil imaginar que la fabricación de un motor eléctrico es más sencilla que la de un motor de combustión interna. Menos piezas mecánicas que montar, menos tiempo empleado y, por tanto, costes reducidos. Reglas del mercado, reglas del progreso que, evidentemente, no pueden dejar de tener consecuencias también bastante duras.



