Revolución digital: por el hombre, para el hombre
Por Giovanni Sapere
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Traducido automáticamente del original en inglés Leer el original

Un vuelo sobre la evolución de los sistemas de comunicación del siglo XXI, de los chatbots a la humanización de la máquina.
El camino de la humanidad está marcado por una sucesión de épocas históricas y sistemas sociales, cambios y revoluciones, valentía e innovación.
La Revolución Digital ha trastocado los cimientos de las relaciones humanas, del enfoque del mundo laboral y de la cultura. Ha cambiado profundamente la forma en que vivimos el día a día, gestionamos el tiempo, tomamos decisiones, compramos y vivimos las relaciones.
Pero ¿qué entendemos por Revolución Digital?
En la raíz de la revolución debe situarse el paso de la tecnología electrónica analógica a la digital, cuyo protagonista principal es Internet con todas sus herramientas asociadas.
Es una revolución constante, muy asentada en nuestra sociedad, que no conoce freno.
El progreso tecnológico es la matriz del profundo cambio provocado por el proceso de digitalización, que permite a las personas y a las empresas evolucionar cada vez más rápido. Para las empresas se ha convertido ya en una exigencia mantenerse flexibles ante los cambios y atentas a las novedades tecnológicas que el progreso impone día a día.
Sea cual sea la nueva tecnología del momento, sin embargo, la constante sigue siendo el ser humano, el usuario del medio, el arquitecto del cambio. Durante años se ha hablado de la falta de ética y de humanidad de la máquina, que, por futurista que sea, no puede suplir la ausencia del hombre. ¿Pero es realmente así?
Si ponemos la mirada en los cambios tecnológicos recientes, considerando la llegada de los nuevos chatbots y de una robótica cada vez más preponderante y eficaz, quizá haya que replantearse el punto anterior. De los chatbots de aprendizaje automático al aprendizaje asistido por máquinas (chatbots que luego requieren la mano de los humanos para un “entrenamiento” más completo), hace falta un cambio de mentalidad y de enfoque ante la gran llegada tecnológica de la que somos protagonistas, más o menos conscientes.
La última obra maestra se llama ChatGPT, fue creada por la empresa californiana OpenAI, cuenta entre sus patrocinadores con Elon Musk y, dado el extraordinario auge de visitas a la plataforma, ya puede considerarse un logro extraordinario. Sin embargo, ChatGPT, sucesor de otros muchos chatbots acreditados como text-davinci-003, no es más que un punto de partida, un peldaño que impulsa la tecnología de los chatbots hacia una “humanización” cada vez más preponderante.
Una mina de información y de relaciones dinámica, maleable y al alcance de la mano, capaz de adaptarse a su interlocutor de manera cada vez más parecida a la humana.
Aunque sigue siendo una tecnología joven e inmadura, no se puede pasar por alto la extraordinaria innovación que, actualización tras actualización, está cambiando radicalmente nuestra forma de entender el aprendizaje automático, que muestra fronteras y límites cada vez más finos.
La pregunta surge de forma natural: ¿Puede un chatbot sustituir a una persona?
Si se considera la manera en que REPLIKA, el chatbot creado por Eugenia Kuyda, permite crear tu pareja virtual, que puede mantener una conversación uno a uno y, con el tiempo, aprende a hablar casi con naturalidad con el usuario, la pregunta no parece tan fuera de lugar.
Estas preguntas surgen de forma natural ante una tecnología así, igual que surge de forma natural el miedo a ser sustituido por la máquina en el desempeño de las propias tareas.
Pero la historia nos enseña que la llegada de una tecnología, la revolución, debe ir acompañada de un cambio de mentalidad, de una evolución de la idea, de una adaptación del hombre a su nuevo instrumental. Es una lectura actual del concepto de darwinismo social teorizado a finales del siglo XIX: igual que en la naturaleza vencen los más aptos (“The Survival of the Fittest”), así, ante la innovación tecnológica, sobrevivirán los más capaces, los más capaces de adaptarse y de torcerse.
Al fin y al cabo, es propio de la naturaleza humana experimentar, soportar y aprovechar un cambio que, hoy más que nunca, es hijo del propio hombre.
Estamos llamados a estar a la altura de nuestro propio hijo. Una vez más.
Foto: Unsplash
Autor: Alessandro Volpe



