Cuando el ingenio no basta: Antonio Meucci y el teléfono
Por Giovanni Sapere
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En marzo de 1876, el científico e inventor estadounidense Alexander Graham Bell patentó el invento del siglo, al que más tarde se dio el nombre de teléfono,
Durante años se ha pensado en Alexander Graham Bell como el inventor de uno de los objetos más revolucionarios de la historia de la humanidad. Pero las cosas no fueron exactamente así.
La mayor disputa del siglo XX, silenciada durante casi cien años, está ligada a un invento que hoy conocemos todos. En marzo de 1876, el científico e inventor estadounidense Alexander Graham Bell patentó el invento del siglo, al que más tarde se dio el nombre de teléfono, pero una enorme contribución al éxito de este proyecto la aportó el italiano Antonio Meucci, que ya desde mediados del siglo XIX había iniciado sus estudios sobre cómo comunicarse a distancia mediante aparatos eléctricos. Sus estudios culminaron en 1854 con la realización del primer prototipo del telectrófono, nombre con el que Meucci había bautizado su invento, que el inventor italiano utilizó en su casa de Cuba para comunicarse con su esposa, postrada en cama por una enfermedad. Debido a las precarias condiciones económicas en las que vivía, Meucci no pudo patentar de inmediato el invento y tuvo que esperar hasta 1871. Tras mudarse a Nueva York, donde abrió una fábrica de velas, pudo reunir el dinero necesario para obtener un caveat , que pudo pagar hasta 1873. Y el 7 de marzo de 1876 Alexander Graham Bell, antiguo profesor de la Universidad de Boston, estaba en posesión de los dibujos originales del telectrófono. Comprendiendo la importancia de lo que tenía entre manos, presentó y registró la patente número 174.464 de un dispositivo sustancialmente idéntico al original de Antonio Meucci, cambiándole el nombre por el de teléfono. El inventor italiano emprendió una acción judicial contra Bell, pero los costes, una vez más, eran demasiado elevados. Durante más de un siglo, Bell, sobre todo en Estados Unidos, fue considerado el padre de este invento, aunque la autoría del teléfono se debatió periódicamente. El 11 de junio de 2002, el Congreso de los Estados Unidos de América reconoció por fin a Antonio Meucci, mediante la resolución 269, como el verdadero inventor del teléfono.
Caveat: el caveat de patente, o simplemente Caveat, en el derecho estadounidense de patentes era un documento legal presentado ante la Oficina de Patentes de EE. UU., la United States Patent Office, que fue suprimido en 1909. Equivalía a una verdadera solicitud de patente, con una descripción del invento, pero sin indicaciones detalladas, y era renovable cada año previo pago de una tasa especial de 10 dólares. En esencia, por tanto, el inventor manifestaba la intención de presentar una solicitud de patente en una fecha posterior, con un coste inferior al de una solicitud de patente, que en aquella época costaba 15 dólares. Si otro inventor había presentado una solicitud de patente sobre un invento similar, la Oficina de Patentes de EE. UU. notificaba esa solicitud al titular del caveat, que disponía de tres meses para presentar una solicitud de patente con, por supuesto, una prioridad reconocida en la fecha del invento.



